La llegada de un mal necesario
Una figura capaz de desdibujar las líneas entre héroe y antihéroe

Lucas Graciano del Pozo, España (1986). Es un escritor cuyos estudios profesionales giran en torno a las Bellas Artes y un Máster en Educación ESO y bachillerato. Desde hace cinco años, tras una época convulsa, llena de incertidumbre y de vacío existencial, decide iniciar de manera formal su camino en la narrativa. Con dos títulos publicados “Lobotomía de un Demonio” y “Estigmas de la Sombra”, en esta oportunidad nos entrega “Parusía”, novela con la cual da fin al ciclo de la trama apocalíptica.

Una obra donde la ficción visceral está caracterizada por la crudeza con que la realidad es representada y puesta en escena a través de artilugios estéticos que se sirven de lo  grotesco. Así, Parusía —con su estética visceral tan particular— encarna la llegada de un mal necesario: una figura capaz de desdibujar las líneas entre «héroe» y «antihéroe». ¿Quieres descubrirla?



Entrevista al autor

Una tendencia incipiente y que ha llamado el interés, en especial de los jóvenes y adolescentes, es la narrativa gore. ¿Influyó algo en específico para inclinarse hacia ese género? 

En absoluto. Llevo escribiendo para mí desde los comienzos y no tiene nada que ver su relación con modas o tendencias. El que ahora este género se encuentre en alza; pues yo que sé… de hecho, lo desconocía completamente. Quizá pueda parecer absurdo, pero no hay más escritor “coñazo” que el que se deja arrastrar por esnobismos y piensa que agradando a un sector del público va a conseguir hacerse notar.

En el mundo del arte lo más importante es escribir para uno mismo, dar la espalda a esas hordas catastróficas de párrafos en deshecho que atestan las estanterías de bibliotecas y librerías. Este libro está escrito desde lo más recóndito y sucio que pueda albergar como autor. En mi caso incluso hasta tal punto de haberme jugado la vida unas cuantas veces, por eso es veraz.

Lo grotesco es aquello que se opone violentamente a la representación de la belleza.  En una de las frases promocionales: “Lo grotesco como forma de representación”, deja claramente el género de su obra. ¿Cuál de esos momentos de representación grotesca, le causó “inconvenientes” a la hora de plasmarlo y por qué? 

No considero que sea opuesto ni mucho menos. Existen varios puntos de vista sobre la belleza. Quizá lo que para la gran mayoría resulta bello y primoroso para otras personas sea de una repulsión ingente y al contrario. Por eso mismo, este tipo de lectura pienso que tiene pocos adeptos.  

Hay que estar hecho de otra pasta para atreverse a pasar la primera página. Sorprendentemente el capítulo final de la obra, está escrita en Madrid cuando vivía en el Paseo Quince de Mayo. Allí fue donde Goya plasmó sus Pinturas Negras. Aquellas aberraciones de rostros deformes aparecidos del mismísimo infierno de Lovecraft, bailaban en mi cabeza sin escapatoria. Al final de la misma calle, un abismo; franqueada por tres cementerios y dos tanatorios. ¡Para cagarse!


Parusía, para la mayoría de los cristianos, es el acontecimiento esperado al final de la historia: la segunda venida de Cristo a la Tierra. Sin embargo, su obra refleja a un ser que muestra las acciones más monstruosas y recónditas. ¿Cuál es la connotación entre el título y el contexto de la obra?

Quizá ese advenimiento no sea lo que la gran mayoría esperaba. Eso es lo que da a entender el libro. ¡Sorpresa! El mundo se fue a tomar por culo desde que se perdió la humanidad. Queda solo un reducto. Falsedades, envidias, rencores sonrisitas pusilánimes… si pudiésemos leer los pensamientos de cada persona en un instante mientras te mira a los ojos y miente descabelladamente, nos percataríamos de la falta que hace un Ángel Exterminador, metafóricamente hablando.


Lo grotesco, suele ser utilizado para representar el mal, las cuestiones infernales y, en general, el lado más oscuro del ser humano. ¿Considera usted que este género tiene éxito? 

Personalmente pienso que tiene su público. El morbo y el escándalo siempre vende, ya lo decía el cantante de Ilegales, Jorge Martínez. El problema es que hay que saber venderlo y yo soy escritor, un artista. No tengo ni puta idea de cómo hacerlo.  Lo he intentado un millón de veces y siempre he palmado pasta hasta tener que dejar de escribir currando en trabajos que eran auténticos mataderos. Creo que para eso debería haber una asignatura en todas las carreras de ramas creativas que se llame Comercio del Arte o Prostitución de tu obra porque para mí que el 99 % de los autores no saben hacerlo. Existe un gran negocio de agencias encargadas para dicho fin que te cobran un huevo por ello. ¡No les vamos a quitar el negocio tampoco a estas almas tan caritativas!



¿Por qué, extrañamente, al lector le fascina cuanto más se aleja de aquel ideal de belleza?

Personalmente, si esta Novela arranca de una puta vez y la gente que lee; que ya es difícil que lea actualmente; se sumerge entre los márgenes tan desafiantes de este abismo que se presenta… podría darse cuenta que existe otra vertiente. Una forma de hablar sin tapujos. ¡Qué no es todo pastel de color de rosa, cojones!

 


Entonces, Parusía, con su estética visceral tan particular.     ¿Encarna la llegada de un mal necesario? ¿Por qué? 

Pues porque no queda más remedio, creo que ya he comentado que el mundo está roto, se ha quebrado, todo es sancionable y conformista además de correcto según los términos de quién impone las normas. La gente ya no se subleva, es necesaria una ruptura y este libro cumple lo que promete. Porque a nadie le gustaría verse relacionado con un personaje de esta calaña. Es mejor seguir la corriente y ser un “panoli” comprando autoayuda, que decir ¡Sois Gilipollas!