Diarios de familia. Del cielo al infierno y otros lugares sin retorno
Un conjunto de narraciones hiladas por los lazos afectivos

César Javier Cárdenas Lara, nació en 1978, es de nacionalidad Austriaca, nacido en Colombia. Es Licenciado en Biología egresado de la Universidad Distrital de Bogotá Francisco José de Caldas, además es Bachelor of Education en Religión Católica y Ética (Private Pädagogische Hochschule der Diözese Linz, Austria) y Máster Profesor de Español como lengua extranjera (Universidad de Barcelona). A pesar de que su única relación con el mundo literario es su labor como profesor de lengua Castellana, ha escrito poemas, ensayos y algunas canciones que ha registrado y vendido.  

En su primera publicación nos entrega “Diarios de familia. Del cielo al infierno y otros lugares sin retorno”, una autobiografía novelada de no ficción. Donde cada capítulo registra las vivencias de uno de los siete miembros de la familia, en donde el protagonista rememora y recoge sus experiencias vitales y de parte de los suyos, en un contexto real. Incluso, se reflejan análisis introspectivos de los momentos intensos y difíciles, y reflexiones sobre temas diversos.



Entrevista al autor


Medellín, tras alcanzar la cifra de 6.809 personas asesinadas en el año 1991, fue catalogada como la ciudad más violenta del mundo. Y la capital colombiana tampoco escapó a los hechos de violencia. ¿Fueron estos sucesos, de alguna manera, la decisión de establecerse en otro país? 

Aunque las cifras estadísticas de la violencia en aquella época fueron realmente elevadas y de alguna cierta forma muchos en el país vivían con temor; ninguno perdió la esperanza de volver a tener una nación libre y con aquella tranquilidad que se tenía en el diario vivir antes de la guerra de carteles y los movimientos guerrilleros.

Los motivos que me llevaron a establecerme en Austria son muy personales y ajenos a los acontecimientos violentos en Colombia.  Aun viviendo en el extranjero, reconozco la riqueza sociocultural, la flora y fauna, la gastronomía y la cordialidad de un pueblo desangrado y desprotegido.


Usted inicia su diario con un acontecimiento ocurrido en el año 1993.  Según la siguiente frase escrita por usted: “Ciclos, vórtices y espirales son el conglomerado sustancial tanto en el macrocosmos como en el microcosmos por antonomasia. En algún momento dado, alguien necesita de ti y en otro determinado tiempo eres el solicitante de un auxilio”.  ¿Les daría a conocer a sus lectores una breve  historia de Javier y Marion? 

Los momentos vividos entre Javier y Marion (nombre ficticio) fueron por desgracia muy cortos pero de una comunicación abierta y armoniosa. 

Solo puedo contar que sus conversaciones eran inspiradoras y, a menudo, regocijantes. Se incitaban mutuamente a ver las situaciones con nueva luz e inspiraban una actitud fresca hacia la vida.


Además, usted vivió momentos tristes y dolorosos en sus años de juventud, los cuales difícilmente serán olvidados, sin embargo, somos capaces de mantener vivos los mejores recuerdos. ¿Qué es lo que más extraña de sus hermanos?

Aquellos momentos en que llegaban inesperadamente después de un largo período de patrullaje en la selva, es lo que aún tengo como recuerdo y lo que más extraño. Ellos no solían dar aviso de que tenían vacaciones o algún tipo de permiso para pasar algunos días en casa. Así que la sorpresa era enorme cuando al tocar a la puerta y se atendía aquel llamado y los veías a ellos allí, de frente, con una sonrisa que podía iluminar el planeta entero; esa era una gran emoción en aquel entonces y un recuerdo sempiterno hoy día.



En el capítulo IV, aparecen las siguientes palabras Enchiridium, Arbatel, Picatrix y Necromicon. ¿Es real lo relatado en esa parte de su diario? 

Los nombres usados para cada capítulo de aquel libro en realidad no estaban presentes, son en realidad libros de magia negra que se encuentran por separado. Más aquel acontecimiento vivido por mi padre fue real. Muchas noches mientras compartíamos todos en la mesa un momento agradable, en dónde se contaban las experiencias habidas, ahí en ese momento, mientras papá relataba su vida, podía yo navegar junto con sus recuerdos y casi que vivenciarlos. 


Los conflictos a ambos lados del Océano Atlántico, en los últimos 100 años, han separado familias enteras, y esto los ha llevado a buscar “refugio” en otras latitudes, como el caso de Ingrid y Adelheid, quienes no corrieron con tanta suerte. ¿Acaso ser inmigrante es un delito o qué circunstancia considera usted que las condujeron a esos eventos?  

La migración ha acompañado siempre a la evolución de la historia de la humanidad. Desde catástrofes, hambrunas, guerras, cambios climáticos, y otros aspectos negativos, como también metas individuales de superación personal y la búsqueda de un porvenir estable y justo.  De tal manera no se puede ver aquel fenómeno migratorio como un delito, ya que la migración logra ser un motor de desarrollo económico que de cierta forma favorece tanto al inmigrante como a las poblaciones destino.

Lo sucedido con Ingrid y Adelheid tiene para mi forma de entenderlas, un trasfondo algo utópico. Ellas fueron atraídas por los rasgos propios de una organización que les permitiría adelantar su cometido con un aspecto novedoso, con el fin único de ayudar a construir una sociedad libre de opresión e injusticia social.  Pero pronto se encontrarían con la realidad de un proceso de imposible realización y con integrantes tan diversos. Muchos de ellos, sin un aporte del conocimiento político y humanista. La trayectoria y la experiencia de estas dos recias mujeres en un conflicto armado no convencional, muy seguramente las llevaría a plantearse muchas nuevas ideas, a romper paradigmas y a contextualizar sus criterios.


Como padres, tenemos la certeza que por naturaleza, o es así como deseamos que suceda, debemos partir de este mundo terrenal primero que nuestros hijos. ¿De qué manera ha podido  canalizar tanto dolor y sufrimiento su madre ante la ausencia física de sus hijos? 

Son ciertamente heridas abiertas, que aún no cicatrizan, pero que se aprende a tolerarlas y a vivir con ellas.

Poder sublimar o canalizar el dolor de la pérdida repentina de un hijo es una acción lenta. Todo tiempo de duelo es relativo y subjetivo. Cada manejo del duelo pretende mitigar el dolor y el retomar la vida diaria, pero solo se accede a ello con una aceptación del suceso de forma escalonada.

Mi madre estuvo en la búsqueda de una respuesta a la muerte de sus hijos, de forma primera e inmediata,  peleando con su Dios.

Más luego, el involucrarse en grupos de servicio social le brindó no solo una perspectiva de cooperación y ayuda, sino también una forma de mantener su mente activa para no dejarse sumergir en el abismo del dolor.

Pintar, crear, y elaborar toda clase de manualidades le llevó no solo a reflexionar y hacer una sanación interior, sino también a mejorar sus habilidades y técnicas artísticas. 


Su diario ha sido un transitar por vivencias familiares, digamos que poco felices, pero con una narrativa excelente y llena de matices. ¿Tiene en mente seguir compartiendo sus historias? 

Tengo un par de escritos sobre otros temas; solo espero poder tener un poco más de tiempo libre para terminarlos. También espero que a mis lectores les agrade lo que escribo y la forma cómo plasmo mis historias en el papel.


Remembranzas y experiencias vitales en un contexto real

 



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